Alivio de Soledad
Etiquetas: La bragueta solitaria
Pero Montpellier no era sólo un mosaico de hermosos edificios y calles bien cuidadas. La ciudad bullía de caras y cuerpos peculiares, distintos a los que Wilfredo estaba acostumbrado. Jóvenes tocando música y bailando en la plaza, hombres de negocio en trajes que él no hubiera podido pagar ni con un mes de su sueldo, ancianos con extravagantes atuendos. Él sólo había visto gente así en las películas e ingenuamente pensaba que, al igual que en el cine, sus vidas eran retorcidas, maravillosas y llenas de inagotables eventos.
Wilfredo era un hombre solitario, no por elección sino por resignación. No tenía ningún atractivo físico apreciable, vestía su cuerpo rechoncho con vieja ropa que no llamaba la atención, su pelo era una maraña incontrolable y aunque sonreía poco, no podía ocultar unos dientes torcidos que se imponían a cualquier rasgo agradable de su cara. Nada de eso hubiera sido importante, si además Wilfredo no hubiera sido un hombre tímido. Prefería pasar los días metido en el laboratorio, rodeado de cultivos bacterianos que tener que pasar por el martirio de socializar con una mujer. Quizás por eso sus amigos, envidiosos de que lo hubieran elegido para ir al Congreso de Microbiología, insistieron tanto antes de su partida: “Cuidado con las francesas”. Por supuesto, la advertencia en realidad era un empujón, una arenga innecesariamente dolorosa para quien ya tiene la batalla perdida.
Ese pesar iba tomando forma en la medida que descubría la distancia que le separaba de las mujeres de la ciudad. Se dio cuenta de que en el fondo él había fantaseado también con el estúpido mito de las francesas liberales y ansiosas. Hubiera querido que se cumpliera para que fueran ellas las que encontraran el modo de acercarse a él. Wilfredo hubiera querido recibir la oportunidad de oler el cabello de aquella joven pelirroja que atravesaba La Explanada Charles De Gaulle y ver las hojas de arce caer a su alrededor, mientras él se atrevía por primera vez a sonreír a alguien a quien le daban igual sus dientes amontonados. Quizás la curiosidad por un suramericano, le hiciera pasar por alto el sudor de sus manos y su falta de palabras certeras.
Se acercó a ella y tartamudeando un inútil acento francés le mostró la cámara.
-Escusemuá ¿Puede tomar foto muá, sivuplé?
Ella comprendió la seña y sonrió mientras cogía la cámara. Wilfredo se puso firme mientras ella le enfocaba. Luego del chasquido, él hizo acopio de todas sus fuerzas y amigablemente le hizo señas de nuevo.
-Escusemuá, ¿Puedo tomar foto tú conmigo?
Ella, menos cordial que antes, se encogió de hombros. Incómoda, pero sin palabras suficientes para pedir explicaciones se puso al lado de Wilfredo mientras él estiraba la mano y apuntaba la cámara a ambos, ella sonrió instintivamente y el flash se disparó.
-Merci- dijo Wilfredo rendido. Ella agitó la mano, dio media vuelta y el rojo de sus ingrávidos cabellos se fue evaporando en la brisa vespertina.
Le dio igual su partida. Ella seguía estando en la foto con la que Wilfredo sorprendería a todos la semana siguiente. Quedarían boquiabiertos cuando él les contara sobre los paseos que hicieron juntos en el Jardín Botánico, las risas bajo la Tour de la Babote y las noches en el Hotel Royal. A partir de entonces, antes de acostarse a dormir, besaría la foto y sentiría un leve pero suficiente alivio de soledad.







11 Comentarios:
Gracias nuevamente por tan hermoso relato... o por tan triste historia... o por tan común personaje... o por tan bella descripción del paisaje francés...
Quizás sólo las gracias por escribir luego de tanto tiempo...
De nuevo la voz, omnisciente, nos lleva de la mano para presentarnos un relato triste, plagado de despcripciones que refuerzan el tono y que por momentos, casi nos hacen olvidar que el protagonista es como tantos otros, como cualquiera de nosotros, un alma gris que no se da a la tarea de ahondar en la paleta y descubrir que la vida, cual arcoiriris, siempre tiene otros tonos.
Logrado, sí...
OA
Evelyn:
Gracias a ti por la paciencia.
Ojalá pudiera ser un "bloguero" más rápido; espero que no se entienda como descuido. En realidad paso el tiempo que transcurre entre uno y otro gestando el siguiente. Algunos embarazos son más rápidos que otros y, a la hora de parir, trato de evitar las cesáreas. Al final "lo importante es que salga sano" :-D
Ophir:
En los extremos del arcoiris hay colores que no vemos a simple vista; pero no por ello dejan de estar ahí. A veces las realidades más interesantes son ultravioleta o infrarrojas.
Encantado de tenerte de nuevo por aquí.
Voy a arriesgarme a ver el fondo de tu relato desde otra perspectiva.
El humano es capaz de sobreponerse a la cruda realidad que le rodea mediante la imaginación, algunas tácticas sociales y "una cámara de fotos".
Adaptarse o morir. Deprimirse y darse por vencido o soñar estando despierto. Uffff, elijo siempre "tó palante".
Linus, un placer volverte a leer. Gracias por tener este blog.
Bailarina:
Hace unos días leí una frase de Carl Jung: "el hombre se acostumbra a todo, siempre y cuando alcance el apropiado grado de sumisión". Sin embargo existe en la mayoría cierta rebeldía contra la infelicidad que puede aparecer de mil maneras; desde las más ingenuas a las más desesperadas, casi tácticas de supervivencia: el tó palante.
El placer es que sigas viniendo por estos lados.
Hay algo de reminiscencias
en esta historia; sin duda alguna, la soledad es un mal de muchos, que pocos logramos apasiguar efectivamente.
Existe un derecho no escrito a vivir y luchar con ella cada día.
Un saludo Literato.
Tienes razón Antonio.
Quizás pueda parecer que este es un blog sobre parejas o sobre sexo; pero en realidad es un blog sobre la soledad. De hecho escribir en la pared del baño, aunque sea una reflexión sobre la compañía, es un acto solitario.
Qué grato es saber que aunque pase algún tiempo sin asomarme por aquí, cuando lo haga voy a encontrar una historia sencillamente hermosa. A veces sucede que, por el contrario, vengo con frecuencia con la esperanza de encontrar algo nuevo y cuando por fin aparece siento que valió la pena. Te haces esperar Linus, pero sé que valdrá la espera, siempre lo vale.
Lennis:
Lo que vale la pena de hacer este blog es que haya lectores dispuestos a esperarme en mi ritmo de caracol. Especialmente si se trata de lectores exigentes como tú.
linus....me resulta patético (el hombrecillo aquel)
:D
Mira que hay que tener mala suerte para que justo se te despierten las ganas de oler a una mujer y que esta sea francesa!! (no me quiero imaginar a que huele una pelirroja de ese pais!!!) jajajajjajaajja
Brillante como siempre!
Muchos abrazos!
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