Seda
Etiquetas: gemidos entre baldosas
Mauricio suele llamarla "jaboncito" por sus constantes idas al baño para lavarse las manos. Pero es que aún siente que sus dedos huelen a carne mechada, a queso, a pescado, a grasa. Aspira el cigarrillo con pose de diva. Su mirada persigue las cintas de humo azul mientras se enredan rumbo al techo. Desde allá arriba debe lucir hermosa. Su rostro moreno emerge de la bata y se desparraman sus cabellos rizados sobre la blanca tela. Mauricio le había dicho que era seda. Qué bien se siente sobre la piel. Donde no se adhiere al cuerpo, crea suaves olas que nunca revientan. Sus pezones endurecidos por el contacto de la tela lucen como islotes en medio de ese mar perlado.
En Caripe, cuando no había mucha gente en la playa, y las empanadas se enfriaban en su cazo, se sentaba en la playa a ver el islote donde reventaban las olas. Ir hasta ahí nadando era una locura y solo los lancheros más veteranos sabían como acercársele sin quedar empotrados en la piedra. Deseaba llegar allá, lejos del alcance de todos. Lejos de la sudorosa piel del amante de su madre que se frotaba contra ella cada vez que se quedaban solos; lejos del rancho, lejos de Caripe y lejos de ese olor a empanada que no salía por más que frotara sus manos en la arena.
Se escuchan pasos al otro lado de la puerta y una voz dando órdenes. Pronto entrará Mauricio. Se mira los pies y los encuentra atractivos. Las uñas pintadas de rojo con esmerado pulso y las sandalias de alto tacón. Aunque no termina de acostumbrarse a caminar con ellos, le parecen muy elegantes. Su mirada se queda fija en un punto inexistente, así como la encontró Mauricio en la playa hace un año. "¿Y esas empanadas las haces con tus deditos?", fue lo primero que le dijo. A ella le pareció graciosa su figura rechoncha y el peinado con el que intentaba cubrir su calva. Hacía tiempo que sus senos y caderas se negaban a ocultarse bajo la ropa. Había oído de los turistas los más insólitos piropos. A eso estaba acostumbrada; pero no a la forma en que Mauricio la trató. Al igual que los demás era evidente que intentaba seducirla, pero constantemente dejaba caer una frase graciosa que le restaba importancia al asunto. Con cada sonrisa fue perdiendo terreno y tardó demasiado en darse cuenta.
Sería fácil acostumbrarse a vivir así, rodeada de muros inmensos e impecables jardines. Quizás al salir de esa habitación haya algo de diosa en su manera de caminar. Ya se está sintiendo diferente. Los trescientos dólares que le van a pagar suenan a libertad. Siente que Caripe está muy lejos quizás porque, como le dijo Mauricio, tras este día el mundo la recibirá con los brazos abiertos, como una gran estrella. Quizás ella haya nacido para que el humo de su cigarrillo se disperse en los lugares más elegantes, para comer deliciosos platillos, para estar rodeada de caricias de tela.
Se abre la puerta. Mauricio entra apurado. Tras él vienen varios hombres, uno de ellos envuelto en una bata que no tarda en caer al suelo. Ella mira su enorme pene erecto apuntándola.
-La anterior quedó buena- le dice Mauricio al actor-, pero vamos a hacer otra escena para reforzar. Empezamos por detrás y terminas en su boca.
Ella se da vuelta sobre la cama y se coloca obediente en la posición esperada. El actor se acerca a ella sin manifestar ninguna emoción y cruza el umbral que marcan los tacones. Se encienden las potentes luces. Un camarógrafo se apresta a filmar.
-¡Cinco y acción!
Ella mira la chimenea, los cuadros, el techo, el jardín a través de la ventana. Sí... Será fácil acostumbrarse a vivir así.







7 Comentarios:
las cosas no son como son...
Linus, ¡regresaste! ¡muak! ...y por supuesto... me vuelves a impactar con tu relato...
Slds
Anónimo:
Efectivamente, las historias son una secuencia de eslabones. Normalmente solo vemos unos cuantos de esos acontecimientos; pero en cuanto logramos ver la cadena entera siempre nos damos cuenta de que "las cosas no son como son".
Monique:
¡Bienvenida de nuevo! Vuelvo a la carga y espero no volverme a perder por tanto tiempo. Gracias por volver a pesar de mi irregularidad.
dime Linus ¿crees que nos llegamos a acostumbrar a todo? ¿incluso viendo todos los eslabones? tu relato me deja perpleja...
Panita, qué bien este cuento. Ese asunto de lo que puede pasar por la cabeza de un artista porno entre escena y escena es algo en lo que, desde hace años y de tanto en tanto, a veces me ha dado por pensar.
Píllate este behind the screams a la manera japonesa.
Un abrazo.
Anónima:
Carl Jung decía que el hombre se acostumbra a todo, siempre y cuando alcance el apropiado grado de sumisión. Creo que esa regla se aplica a la mayoría de la gente; pero siempre aparece un germen rebelde entre la multitud que no se resigna, y gracias a ellos seguimos siendo dueños de nuestro destino.
Rodrigo:
Genial el link. Entre toma y toma, los actores parecen empleaditos de quince y último que se cansan, comen y van al baño. Ahí están los eslabones de la cadena enteros. Vemos una porno y creemos que el mundo de esos actores es solo sexo y en realidad van al mercado, tienen padres, pagan el carro y hacen cola en las oficinas públicas. Últimamente el porno se ha dignificado y para algunos de ellos quizás la filmación sea una evasión, un escape; un rato de creerse las estrellas que no son.
Excelente el relato, comentarios foráneos y locales.
Me voy contenta!
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