Abnegación
Etiquetas: gemidos entre baldosas
Fueron hasta la casa de él, y al cruzar el umbral se quedaron sin sonrisas, sin guión. Para ambos era la primera vez. Habían hablado cientos de veces al respecto, pero al final las palabras siempre acaban llevando a un sitio donde solo vale el silencio.
Él fue al baño para ganar tiempo y recordar ante el espejo que, a pesar de la inquietud, seguía siendo el mismo. Cinco minutos después abrió la puerta suavemente. Una hojilla de luz cortó la oscuridad del cuarto. Su filo llegaba justo a la cama donde ella se cubría entera con la sábana.
-¿Estás lista? –dijo él suavemente.
Ella sólo pudo asentir.
Él avanzó con una toalla tapándole del ombligo hacia abajo. A pesar de su cuerpo perfectamente cincelado por horas de gimnasio no pretendía ser atractivo; al contrario, se acercó titubeando a la cama y se sentó sin mirarla.
-Yo también –dijo él mirando un pliegue en la toalla que revelaba una tímida erección.
-¿Y ahora qué?
-No sé. Alguno tendrá que dar el primer paso...
-Supongo que si te toco… -dijo ella para desbloquear el juego.
Él con una mueca se descubrió, y ella se incorporó sin dejar de cubrirse. Estiró la mano todo lo que pudo y rozó su sexo. A pesar de la torpeza de la caricia, el cuerpo de él reaccionó al cosquilleo involuntariamente.
-¿Quieres que me destape? –dijo ella
-Prefiero que no. De hecho mientras lo hagamos creo que prefiero no ver, si no te importa
-No me importa
Él se acercó, cerró los ojos y la buscó a tientas mientras pensaba en Raúl. Recordó lo que le había dicho antes de dejarlos a solas: en nueve meses esta humillación valdría la pena para todos. Ella, por su parte, mientras contenía el pánico y la repugnancia de sentirse invadida por primera vez pensó en Mariana. Ambas querían una familia grande y fuerte. Su hijo tendría mucho más que cualquier otro: dos padres y dos madres dispuestos a cualquier sacrificio por él. Lo estaban demostrando desde el mismo momento de la concepción haciendo algo en contra de su naturaleza: ella acostándose con un hombre y él con una mujer.







12 Comentarios:
A fin de cuentas lo que mueve es el amor. A los que están y a los que venrán.
Saludos supremos.
y con quién vivirá el niño? o la niña? No sé, aquí pensando... fue lo primero que me vino a la mente después de leerlo.
jhwh /md:
¿Vivirá con cuatro? ¿Con dos? ¿Con uno?
Con tantos en la ecuación hay demasiadas posibilidades. Supongo que, como dice jhwh, lo que mueve es el amor y será eso lo que decida ¿Con quién crees tú?
genial el post , enhorabuena saludos,
Pues no sería ni malo eso de tener 4 posibilidades simultaneas. Digo, a mi me hubiera gustado eso cuando era adolescente y quizás todavía me gustaría.
Suerte el nonato!
Me gusto mucho casi me senti parte de ella imaginando aquella oscuridad solo de dos.
un gran beso
bye
A mi lo que me llamó la atención fue como desdibujaste la virginidad. Creo que supera cualquier discusión sobre orientación sexual y sobre adopciones. ¿Será que hay virginidades que nunca se pierden?
Saludos cordiales
Stephy:
Gracias por entrar aquí y sentirte parte.
Bob:
Justamente con eso quería jugar, con las virginidades que siguen ahí aunque hagamos lo que hagamos con nuestro cuerpo. En ellas reside la ingenuidad que conservamos por muy curtidos que estemos. Bienvenido
Veo que casi todas tus historias empiezan y terminan en la sala de baño. Génesis y Apocalipsis reunidas en el orificio del inodoro. Ya uno verá qué hace con esa mierda. Gracias por la metáfora
je...
No pierdes tu toque...
Un beso desde el sur occidental...
Castor:
En tu blog hay también unos cuantos ejemplos de historias que podrían acabar en la pared de un baño. Por eso siempre me doy una vuelta por ahi.
Pagana:
Que bueno volver a leerte.
Ab-negacion
tampoco sera para tanto, digo yo, no se
peor sera el aceite de bacalao
no?
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